DOS AMIGOS CON MUJERES MADURAS Y FUERTES Por Esper, esper_cl@yahoo.es PARTE 3: Genaro cuenta su historia GENARO VA AL GIMNASIO Mi nombre es Genaro, y tenía 40 años cuando me sucedió lo que les voy a relatar. Siempre me han gustado las mujeres mayores, fuertes, altas y/o poderosas. ¿Será algo anormal? ¿Masoquismo? ¿Deseo de ser dominado? No lo sé y poco me importa. Solo sé que me gustan las mujeres así, y que comparto el gusto con muchos hombres, acaso la mayoría. Hay en un gimnasio al cual acudo unas dos o tres veces por semana. No soy fanático de la actividad física, pero voy por salud y para mantenerme en buena condición, y presentar una buena estética. Fue ahí donde conocí a Betty. Calculé que su edad estaba para entonces entre los 45 y 50 años. Por meses cruzamos pocas palabras. No llegamos a ser amigos, pero sabíamos al menos nuestros nombres. Debo confesar que siempre la miré de distintas formas. Es en realidad una mujer impresionante para mí. Es más alta que yo, gruesa en general con mezcla de grasa y músculos. Su cintura es ancha pero permite ver sus formas de mujer. Su tez es tipo bronceada pecosa y su pelo medianamente largo es rojo oscuro, teñido, posiblemente ocultando canas. Algo que me llamó la atención, fue con relación a las máquinas con pesas. Más de alguna vez ocupé máquinas en las que ella había hecho ejercicios y había tenido que disminuir las pesas en la cual la respectiva máquina estaba ajustada. Una vez estuve haciendo repeticiones con 30 kilos, dejé la máquina, la tomó ella y subió las pesas a 45 kilos, para luego hacer las mismas repeticiones que yo. Otra vez, en la que ella estaba saliendo de una máquina, se encontró con mi mirada, y creo captó admiración por ella en mi expresión. Me miró por unos segundos y me sonrió. Reconozco que ese gesto me estremeció. Fue un especie de coqueteo. Me acuerdo de un día sábado cerca de las 6 de la tarde, cuando salí para irme a mi casa y luego a una juerga nocturna. Nos encontramos en el estacionamiento. Mi auto estaba al lado del de Betty. Tengo la costumbre de estacionar de espaldas con la parte delantera del auto mirando a la calle. El de ella estaba puesto en el sentido contario, de modo que los asientos de los conductores quedaban el uno al lado del otro. Nos pusimos a conversar temas livianos sin mayor trascendencia. En un momento dije algo que la hizo reír. Al despedirse, me dio un beso en la mejilla y me puso su enorme mano en el hombro, justo al lado del cuello. Francamente me gustó. Desde esa vez ella estuvo cariñosa conmigo y siempre que nos encontrábamos llegando o saliendo del gimnasio nos dábamos un beso en la mejilla. Cuando me lo daba me tocaba mi pecho o barriga presionándome con fuerza. Otras veces me ponía su brazo en mi hombro y yo la abrazaba por la cintura, en concordancia con su mayor estatura. En el gimnasio existía la costumbre de publicar en un fichero los cumpleaños de los socios, al menos de los más antiguos y de los que iban con frecuencia. Vi el de Betty el que era un día de fines del mes de julio. Ese día estuve atento a verla pero no apareció. Me imaginé que estaría celebrando con su familia. Al día siguiente me la encontré en un pasillo del gimnasio y le dije “Hola Betty, feliz cumpleaños atrasado”. Betty: Gracias Genaro. Pero ¿no me vas a dar el abrazo? Ni corto ni perezoso me acerqué a dárselo. La tomé por debajo de los brazos y le puse mis brazos y manos en su espalda. Ella me tomó por encima de mis hombros y me presionó. Le di varios besos seguidos en sus cachetes y nos mantuvimos abrazados por un rato. Pude captar con mi pecho y brazos lo grande de su anatomía, la que se sentía más bien dura. Pensé en ese momento que si hacíamos lucha libre con toda seguridad me ganaría. AUXILIANDO A BETTY Un día en la tarde iba en mi auto, cuando el sol ya se había puesto. En eso veo otro auto detenido, con una mujer fuera de él mirando un neumático pinchado. La miré detenidamente y reconocí que era Betty. Me detuve de inmediato a auxiliarla. Yo: Hola Betty ¿en problemas? ¿Quieres que te cambie la rueda? Ella (me da un beso en la mejilla): Hola Genaro, gracias por ayudarme. Ojala fuera tan sencillo. El cretino de mi hijo el otro día pinchó un neumático y no hizo el recauchaje, así que no tengo repuesto. Yo: ¿y que piensas hacer? Ella: No sé, a esta hora no creo que haya vulcanización así que me voy a tener que conseguir una grúa Yo: ¿Sabes? Yo tengo teléfono de grúa registrado en mi celular, si quieres la llamo. Ella: ¡estupendo!, ¡hazlo!, te lo voy a agradecer Llamé a la grúa de inmediato y me informó que acudiría dentro de unas dos horas, lo que le comuniquen en el acto a Betty. Ella: Te lo agradezco mucho, Genaro, Vete nomás yo me las arreglaré acá. Yo: ¡Como se te ocurre! No te voy a dejar sola acá y además ¿cómo te vas a volver a tu casa después? Ella: En serio, no te preocupes. Seguramente tienes tus cosas que hacer. La verdad es que si tenía algo que hacer. En el hecho tenía que juntarme con un grupo de amigos, como lo hacíamos cada dos semanas los miércoles, día de la semana en el que estábamos. Pensé que no quería perder la oportunidad de estar con ella, pues realmente me atraía mucho Yo: No tengo nada que hacer, salvo irme a mi casa a ver televisión. Será un gusto para mí acompañarte. Ella: Muy bien, vamos a tomar un cerveza mientras tanto. Y yo te invito, y espero que esto lo aceptes. Yo: bien, vamos. Era primavera, y el clima estaba moderadamente cálido. Ella estaba en jeans con sandalias con algo de taco. En la parte de arriba llevaba un polo de mangas largas con escote medianamente generoso. Si bien sus senos no se distinguían del todo, pude apreciar una espalda ancha y hombros que bajaban oblicuamente hasta llegar a sus brazos. Nos fuimos caminando hasta un bar, nos sentamos frente a frente, pedimos la cerveza y nos pusimos a conversar. Yo: ¿A que te dedicas? ¿Trabajas actualmente? Ella. Con mi familia tenemos un restaurante. Mi esposo, con quien estamos divorciados, tiene la mitad y yo la otra mitad. Nos separamos hace como 4 años y nuestra relación es buena. Quisimos mantener el restaurante porque es buen negocio. Normalmente lo administro a la hora de almuerzo, y a las 5 me voy a al gimnasio. Voy seguido al gimnasio en las mañanas también, pero tú no vas a esas horas. Yo: yo voy a veces en las tardes. Y normalmente cuando voy te veo a ti. Ella. Claro, me encanta, y en las mañanas hago pesas y máquinas. Ella. ¿Y tú, a que te dedicas? Yo: Negocios. También he incursionado en la gastronomía. En la actualidad participo en una empresa de comida a domicilio. Ella: Mira que bien, tendremos tema para hablar de eso. Yo: Pues con gusto. Me fijé en ese momento en el considerable tamaño de sus manos y su gruesa muñeca y un antebrazo impresionante que crecía para luego sumergirse en las mangas de su polo. Su tez era bronceada y llevaba en las manos algunas joyas de plata, al igual que en su cuello. En realidad más que joyas, eran adornos de plata. Seguimos conversando de diversos temas, pero debo reconocer que en lo que más pensaba era en su fantástica anatomía. En un momento retomamos lo del gimnasio y los ejercicios. Ahí aproveché para llevarla al tema que me interesaba. Yo: ¿Eres fuerte? Ella: (sonríe y me guiña el ojo) ¿tú que crees? Yo: Pues creo que sí. ¿Sabes? me gustaría hacer vencidas contigo Ella: jajajaa, ¿y para qué? ¿Te expondrías a que te gane una vieja como yo? Yo: ¿vieja? ¿Tú? Pero si estás estupenda, por mucho que tengas tus años Ella: ¡Mira eh! Te estas ganando mi favoritismo, primero con la ayuda y ahora con ese lindo piropo. Dicho eso me dio dos cachetadas suaves a modo de cariño. Yo: Vamos, hagamos vencidas, apostemos las cervezas que nos estamos tomando. Ella.: Nooooo. Las cervezas las pago yo. Ese es el trato. Si quieres hagamos las vencidas pero prepárate a perder. No me va a tomar ni 30 segundos ganarte. Se quitó unos adornos que tenía en su mano derecha y la dobló, levantando el antebrazo. Nos pusimos en posición con los codos sobre la mesa y tomados de las manos. Sentí mucho placer al tomar una mano tan grande y fuerte y a la vez de suavidad femenina. Ella: ¿Listo? Yo: Listo Comencé a presionar para doblar su brazo y una fuerza incontenible dobló el mío. Ella había dicho que no se iba a demorar 30 segundos, pero en realidad creo que le tomó menos de 5. Cuando mi mano tocó la mesa me miró con una sonrisa. Yo: ¡¡Me pillaste desprevenido!! Ella: Jjajjaaaa ¡Tramposo! Yo: Está bien, eres bien fuerte. Nuevamente puso el codo sobre la mesa y su antebrazo en posición vertical. Ella. Para que no reclames, pon tu brazo y trata de doblármelo, sólo lo voy a mantener en posición vertical Dicho y hecho. Pusimos los brazos en posición de vencidas e intenté hacer fuerza para doblárselo. La verdad es que no logré avanzar ni en un centímetro a mi objetivo. Estuvimos así casi un minuto. Ella resistió sin mostrar ni las más mínima dificultad. Ella: ¿Estás listo? Ahora voy a comenzar a hacer fuerza. Yo: Adelante. Presionó y en un santiamén el dorso de mi mano volvió a tocar la mesa. Yo: Está bien, me ganaste, me doy por vencido. Ella: Buen chico. Para mí que te atraen las mujeres fuertes. Luego me toma la cara y me da un beso prolongado en la mejilla. Yo: La verdad es que si. ¿Cuánto mides y pesas? Ella. 1,78 y peso 95 kilos. Pero como verás tengo bastante músculo Yo: ¡qué duda cabe! Eres pura masa muscular. Ella: ¿y tú? Yo: 1,76 y debo andar por los 75 kilos. Ella: Mira el tamaño de mi muñeca en relación a la tuya Efectivamente se veía mucho más grande y gruesa que la mía. Intenté rodearla con mis dedos mano cosa que no logré. Ella cogió mi muñeca la rodeó con sus dedos y le sobró una falange. Comparamos manos y también me aventajaba considerablemente. Ella: ¿Sabes? Creo que era prácticamente imposible que me ganaras. Yo: (Algo asombrado) ¿Por qué? Ella: Porque de joven practiqué mucho lanzamiento de la bala y por eso soy muy fuerte. Y me he mantenido fuerte todos estos años haciendo pesas. Yo: Ahora entiendo más. ¿Eres diestra o zurda? Ella: Soy diestra, pero si crees que me puedes ganar con la izquierda, lo intentamos. Yo: Francamente no creo que te pueda ganar, pero intentémoslo. Nos pusimos en posición con los antebrazos izquierdos, y el resultado fue el mismo que el anterior. Me venció igual de rápido y sin apelación. Ni siquiera noté diferencia de fuerza entre un y otro brazo. Yo: ¿Practicaste mucho el lanzamiento de la bala o fue algo ocasional? Ella: Lo practiqué mucho, casi desde niña. Como siempre fui alta y maceteada era lógico que a los profesores y profesoras se les ocurriera la idea de que yo practicara un deporte de fuerza. Y sobre todo porque estaba en un colegio en el cual se le daba mucha importancia al atletismo. Yo: ¿Qué colegio era? Ella: El Artemisa. Yo: Es mixto, ¿no es así? Ella: Si, mixto. Creo que tú eres solo un poco menor que yo. ¿No te suena mi nombre? Fui famosa a nivel inter escolar y luego seleccionada a los panamericanos Yo: La verdad es que no me acuerdo de tu nombre. Yo nunca practiqué atletismo ni puse mucha atención a las competencias. Siempre he jugado fútbol. Ella: La lectora de noticias Michelle Z fue compañera mía. Ella también se hizo famosa en atletismo, especialmente en 100 y 200 metros planos. Las dos éramos las más destacadas de nuestra generación. Esa Michelle Z es una famosa lectora de noticias de Chile. No me acordaba que hubiera sido destacada en atletismo. Una vez le escuché a una prima mía que ella y la Michelle Z. , eran de la misma edad. Dado que mi prima tiene en la actualidad 47 años, calculé que esa era la edad de Betty. Yo: ¿Y en qué momento lo dejaste? ¿No pensaste en convertirte en profesional? Ella: Justamente llegué al momento de pensarlo y tomar la decisión. Convertirme en profesional iba a significar un cambio de vida. Significaría no estudiar en la universidad y problemas para casarme o convivir en matrimonio. Y quería hacer las dos cosas, o sea estudiar y casarme y tener hijos. Yo miraba lo que me contaba con mucho interés. Mi admiración por ella había aumentado, tanto por lo que me contó, como porque me había ganado en vencidas. Ella: Al parecer te entretiene lo que te cuento. Yo: Claro que si. Eres muy interesante por dentro y por fuera Ella (riendo): Gracias, lindo. Acto seguido me toma la cara y me da un beso en la mejilla. Justo en ese momento suena mi celular. Era la grúa que nos avisaba que estaba a punto de llegar. Nos pusimos de pié para dirigirnos adonde estaba su auto. Ella: No serás muy fuerte, pero tienes buen trasero Yo. Gracias. Dicho eso me da una palmada en los glúteos. Ya estaba bastante excitado pero eso me causó un inicio de erección. Ella al parecer lo percibió y solo se rió. Luego me tomó de la cintura y yo la abracé por sus hombros. Sentí una delicia tocar con mis manos algo de gran tamaño que pertenecía a una mujer Caminamos abrazados hacia su auto. Sabiendo como me gustaba su fuerza, me presionó firme con su brazo en mi cintura y me levantó del suelo con un solo brazo. Mis pies estuvieron por unos 30 segundos a unos 35 cm. del suelo. . Yo: Ay, eso si que me gustó. Ella: Lo sé jajajajajaa Por eso lo hice. Me imaginaba que te iba gustar. Llegamos a su auto y al minuto apareció la grúa. Coordiné con el tipo encargado para que siguiera a mi auto hasta la casa de ella. Por supuesto que Betty se fue conmigo. Lamentablemente para mi, el trayecto a su casa era corto, y no me dejaba el tiempo para intentar besarla o algo por el estilo Una vez en su casa, acomodamos el auto en el estacionamiento. Le pagó al tipo de la grúa y lo despachó. Ya eran pasadas las 11 de la noche. Ella: Bueno, es tarde, te agradezco tu ayuda y el rato agradable. Yo: Gracias a ti. Ha sido un placer y lo he pasado muy bien. Ella: Disculpa que no te invite a pasar, pero en cualquier momento llegan mis hijos y aun debo ducharme. Yo: No hay problema, pero, ¿podré volverte a ver? Ella: ¿En algún lugar que no sea el gimnasio, dices? Me imagino que ese así, porque en el gimnasio me ves siempre. Yo: Si por supuesto, a eso me refiero. Ella: (sonriendo) ¡Mira tú! ¿Qué quieres conmigo picarón? Yo: Bueno, sólo disfrutar de tu compañía. Me resultas muy agradable. Ella: Está bien, anota mi celular y nos podemos ver en algún lugar. Anoté su número de celular en el mío y lo marqué para que dejara registrado mi número. Ella: Se hace tarde. Dame un abrazo y nos vemos La abracé fuerte y ella hizo otro tanto. Pegué mi boca en su cachete y le comencé a dar besos seguidos. Pensé en darle un beso en la boca, pero fue ella quien se me adelantó poniendo sus labios en los míos. Nos dimos besos repetidos en la boca, y la abrimos a medias permitiendo que nuestras lenguas se tocaran. Ella: Vete ahora, salgamos mañana o el viernes, si quieres Yo: Bien, te llamaré Ella: (dándome una palmada en el trasero). Bye, lindo. GENARO VIAJA CON BETTY AL CAMPO La llamé el jueves para coordinar algo para el viernes. Me dijo que iba a llegar tarde porque tenía que ir a ver unos asuntos el viernes en un fundo que tiene su familia en San Felipe, que queda a un poco más de una hora minutos de Santiago. Por eso me propuso que mejor era que nos juntáramos el sábado. Luego agregó “a no ser que tengas disponible el viernes en la tarde, y así me podrías acompañar”. Ese “a no ser que…” me gustó bastante y de inmediato le dije que la acompañaría. Me preguntó a continuación si tenía que volver a Santiago a alguna hora determinada, dado que muchas veces decidía quedarse a dormir, para no manejar de noche en carretera. Le dije que no tendría problemas. Me pasó a buscar como a las 2 PM del viernes en una camioneta de doble cabina, la que no era el vehículo al que se le había pinchado la rueda. Por el sonido me di cuenta que era a petróleo Me contó que ese fundo tenía plantaciones frutales y principalmente iba para que quienes trabajaban ahí sintieran la presencia de alguno de los dueños. Otras veces iban sus hermanos o algún otro familiar. Me explicó que el fundo tenía una casa tipo bungalow en la cual muchas veces se alojaba alguno de ellos. Nadie más de la familia estaría entonces y a quienes trabajaban en el fundo no les llamaría la atención mi presencia. Al subirme a la camioneta nos dimos un beso en los labios. En el viaje, cada cierto rato le acariciaba su cabeza, brazo, hombros y cuello. A ella parecía gustarle y a veces me tomaba la mano para darme un beso en ella. Hacíamos comentarios y chistes acerca de su inmensa y fuerte anatomía. Yo: ¿Cómo andabas de fuerza con tu ex esposo? ¿Alguna vez hicieron vencidas? Ella: Cuando éramos novios a veces las hacíamos y yo siempre ganaba. Yo: ¿El es grande? Ella: Es de mi estatura y pesa bastante menos. La única vez que me ganó fue cuando había tenido a mi primer hijo y estuve meses sin hacer pesas. Esa vez bajé como 10 kilos, puesto que perdí musculatura. Tuve que hacer dieta estricta para que los músculos no se transformaran en grasa. Después del post natal, retomé los ejercicios. Al tiempo volví a ganarle en vencidas. Pero eso fue hace como 20 años, ya que mi hijo tiene 21. EN EL VIAJE, BETTY RELATA UN CAMPEONATO DE VENCIDAS Yo: ¿Alguna otra vez hiciste vencidas? Comenzó a reír. Todo indicaba que mi pregunta le había hecho acordarse de algo cómico. Ella: Pues si. Una vez nos juntamos los compañeros de curso un año después de que habíamos salido del colegio. Ya estaba en mi mejor momento en lo que era lanzamiento de la bala. Recién al año siguiente la dejé para entrar a la universidad. Yo: Apuesto que hicieron un campeonato de vencidas Ella: Claro. Estábamos reunidos en la casa de los papás de la Michelle Z precisamente, la que era bastante grande. Era un día sábado y habíamos organizado una asado en el jardín. Lo pasamos muy bien y la mayoría nos quedamos en la casa de ella hasta la noche. Yo: Ya. Ella: Como a las 6 de la tarde ya estábamos bastante alegres. Algunos compañeros estaban entonados con el alcohol, pero ninguno llegó a emborracharse, afortunadamente, porque me cargan los borrachos. Uno de ellos decidió hacer un brindis por las compañeras. Lo hicieron. Luego empezaron a brindar por nosotras, una por una haciendo comentarios jocosos. En un momento fue mi turno y alguien dijo, mirándome, “un brindis por la de más peso y más fortachona”. Yo: jajajjajaa, sin duda se refería a ti. Ella: Otro de los compañeros, que se llama Ramiro, dijo a modo de aclaración: “la más fuerte de las mujeres”. Una de las compañeras, Margarita, dijo “apostaría que es la más fuerte entre hombres y mujeres”. Yo: Ya me voy dando cuenta como empezó el desafío. Ella: Empezó la discusión. Fue todo en un ambiente de risa en todo caso. El tema era si yo era más fuerte que todos mis compañeros. Yo solo reía y no hice mayores comentarios. La misma Margarita, dijo “veamos, que Ramiro haga vencidas con Betty”. Ramiro me miró como preguntándome si estaba de acuerdo. Yo le hice un gesto como diciéndole ok. Yo: Esta anécdota está muy buena, sigue por favor. Ella: Luego Ramiro dijo “pero si pierdo tienen que hacer vencidas todos los demás”. Yo le dije “¡¡épale!! No pienses que voy a hacer vencidas con todos”. Alguien más dijo que primero debíamos hacer vencidas y después veríamos que hacer. Nos pusimos en posición y fue tanta la expectación que algunos compañeros apostaron dinero entre ellos. No era mucho en todo caso. Algo así como el equivalente a uno o dos dólares. Yo: ¿Y qué pasó con las vencidas? Ella: Cuento corto, me costó muy poco ganarle. Apenas empezó a hacer fuerza le doblé el brazo. Me felicitó y yo le di un abrazo y un beso. Los demás nos aplaudieron. Luego, Margarita dijo “¿alguien más quiere hacer vencidas con Betty? La mayoría de los compañeros empezaron a gritar repetidamente “yo, yo, yo”” Yo: jajajajjajajajaaa ¿Y las hiciste con todos? Ella: No. Yo misma propuse que pusiéramos orden y lo mejor era que organizáramos en ese momento un campeonato de vencidas. Y así lo hicimos. Yo: Buena idea… Ella: Lo primero que hicimos fue anotarnos los que íbamos a participar. Por supuesto que yo tenía que hacerlo. Se inscribieron todos los hombres presentes, que eran 15, y 5 mujeres contándome a mi, o sea 4 compañeras y yo. Muchas compañeras no quisieron participar. Las otras 4 eran más bien altas, deportistas y corpulentas. Entre ellas estaba la Michelle Z y en la competencia logró ganarle a dos hombres. Yo: ¡Qué entretenido! Ella: Dado que éramos 20 los competidores, hicimos 4 grupos de 5, al azar. En cada grupo todos haríamos vencidas con todos, los dos primeros se clasificaban y de ahí saldrían 8. Luego hicimos una llave de eliminación simple. La Michelle, yo y 6 hombres fuimos los clasificados. Ella perdió en la ronda de 8 y yo llegué a la final. Yo: ¿Y ganaste? Ella: Si. La verdad es que no estaba segura si lo haría. Humberto, el otro finalista, era más alto que yo y jugaba basketball. La contienda con él fue la más larga. Tuve que esforzarme bastante para ganarle. En la primera ronda les doblaba el brazo a mis compañeros como si fueran de mantequilla. Yo: Y Margarita, ¿participó? Ella: nooo No se inscribió y después le hacíamos mofas, porque le gustaba azuzar a la gente y después se mantenía a raya. Fue una de las reuniones más entretenidas que tuve con mis compañeros. Yo: Así parece. EN EL FUNDO Llegamos al fundo. Hicimos una recorrida general y ella se iba deteniendo para conversar con diversas personas. Con quien más estuvo fue con un ingeniero agrónomo que estaba a cargo del fundo. Después salimos a comprar algunas cosas, para comerlas en la casa tipo bungalow, a modo de merienda. Esa casa tenía plantado pasto en su parte trasera en un área que no se veía desde otras partes del fundo. Salimos. La abracé por la cintura y ella me puso su brazo en el hombro. Nos besamos. Yo: ¿Tienes fuerza como para levantarme? Sin decir palabra alguna, me puso su mano entre las dos piernas y me levantó sosteniéndome en la parte delantera de ella. Ella: ¿Así? Me reí. Luego me puso en el suelo y me cargó en sus hombros Ella: ¿O así? Después me dijo que me subiera a su espalda, y recorrimos el césped con ella cargándome. Cuando me bajó la empecé a besar y ella me correspondió. Le agarré los senos y el trasero. Me tomó en brazos y me llevó al interior de la casa. De ahí, siempre cargándome me llevó a uno de los dormitorios, en los que hicimos el amor varias veces. Finalmente nos quedamos a dormir en el fundo. EPILOGO Durante un tiempo fuimos amantes con Betty. Hicimos varios viajes más al fundo. Otras tantas veces fue ella al departamento en el que vivo. La primera vez que ella fue a mi depto., dijo que ese día no había ido al gimnasio y que necesitaba era hacer ejercicio de fuerza. El ejercicio consistió en tomarme en brazos y subirme cargado hasta el cuarto piso, en el que vivo. Finalmente ella quiso terminar la relación. Me dijo que no se veía casada con alguien 7 años menor y que tampoco me veía a mi casado con una mujer 7 años mayor. Todo lo habíamos disfrutado mucho, pero había llegado el momento de terminarlo. Si bien la entendí, me dio mucha pena lo que me decía. Creo que me estaba enamorando. No parecía ser el sentimiento de ella, ya que se veía en una actitud mucho más práctica. Pienso que fue mi enamoramiento lo que la llevó a la decisión de terminar. Después de que terminamos la seguí viendo durante un tiempo en el gimnasio, hasta que ella dejó de ir por cambio de domicilio. Hablo conmigo expresamente para decirme que se iba y me propuso ir a tomar un café y hacer vencidas. Lo hicimos y seguía tan fuerte como la había conocido, por lo que me ganó con la misma facilidad de antes. Me dijo que me tenía mucho cariño y que siempre me recordaría con agrado. Yo le contesté que pensaba lo mismo con respecto a ella. “Ojalá encuentres una mujer que te llene el gusto como te mereces. Y si es fuerte y alta, mejor aún.” , fué una de las últimas cosas que me dijo. Sé que después volvió con su esposo. De eso hace cerca de dos años