LA SEÑORA DEL TRANSPORTE ESCOLAR Por Esper, esper_cl@yahoo.es Raymundo regresa a Chile desde Argentina, se separa, y va conociendo a la fortachona señora a cargo del transporte de su hijo al colegio. 1 RAYMUNDO REGRESA A CHILE Después de pasar 6 años en Argentina trabajando en un cargo ejecutivo, Raymundo regresó a Chile. Contaba con ahorros suficientes para instalar su propio negocio, el que era su sueño. Lo acompañaba su esposa argentina y su hijo Rodrigo. Gisela, que así se llama su esposa, es oriunda de Buenos Aires y llevaban 2 años casados. Se habían conocido en instancias sociales en esa ciudad. Ella siempre le resultó atractiva a Raymundo. Con su estatura de 1,80, superior al 1,78 de él, finas facciones, delgada y muy elegante, realmente llamaba la atención. Su pelo era largo y lacio, casi negro. Sus ojos verdes y pómulos salidos resaltaban aún más su atractivo. Para Raymundo, aparte de ser un mujer agradable en la mesa y en la cama, Gisela era un buen complemente en sus reuniones sociales empresariales. En las comidas de empresas, ya fuera con clientes, proveedores o bancos, ella sabía tener una conversación agradable y de buen nivel. Eso era porque Gisela veía de una familia de empresarios, en ese momento con menos dinero, pero conservando hábitos y relaciones. Cuando llegaron a Chile, Gisela tenía 33 años y Raymundo 39. Su hijo Rodrigo, que a la misma fecha tenía 10 años, era fruto de una relación casual. Su madre era una secretaria de la empresa donde trabajaba entonces Raymundo. Ella misma reconoció que no buscaba casarse con el ejecutivo. Su relación fue resultado de un apasionamiento que ocurrió una noche, en la cual Raymundo la fue a dejar a su casa después de una comida de la empresa. Fueron varias las veces que se vieron y repitieron la experiencia. Las cosas se arreglaron para que Rodrigo viviera con su padre, sin perder contacto con Anita, su madre. Facilitaba las cosas el hecho de que en Argentina también vivía la hermana de Raymundo, y ella estaba casada y tenía 3 hijos de edades cercanas a la de Rodrigo, con quienes él se llevaba muy bien y pasaba mucho tiempo. La relación entre Rodrigo y Gisela fue algo sin mucho sabor. Si bien no se llevaban mal, no se podría haber dicho que Gisela hubiera asumido el rol de madre. Raymundo siempre se preocupó de darse un tiempo con su hijo y otro con Gisela. Nunca salieron de vacaciones los tres aunque convivían perfectamente en la vida diaria. Más de alguna vez Gisela fue a dejar a y a buscar a Rodrigo a una fiesta de cumpleaños, y conversaba diplomáticamente con los padres anfitriones. De la misma forma, se hacía presente cuando era Rodrigo quien celebraba su cumpleaños. Cuando viajaban a Chile Raymundo hacía que Rodrigo pasara el mayor tiempo posible con su mamá. Incluso, en más de alguna ocasión Raymundo le pagó viajes a Buenos Aires a Anita para que estuviera con Rodrigo. 2 COMIENZA EL DISTANCIAMIENTO Pasó el tiempo y un año después de que llegaron a Chile el matrimonio empezó a andar no del todo bien. Las desavenencias venían desde que comenzó al matrimonio, pero éstas eran superadas por el hecho de estar en Buenos Aires, el que era el ambiente natural Gisela, y por la intensa vida social a alto nivel que se llevaba, cosa que era muy del agrado de ella. No era menor, el hecho de que Raymundo ganaba buen dinero, lo que le permitía a Gisela acceder a diversos lujos, como un departamento en un buen barrio, auto, peluquerías, ropa y joyas. En Chile las cosas no fueron iguales que en Buenos Aires. A pesar de que Raymundo tomó en arriendo un departamento grande en un buen barrio de Santiago y Gisela podía contar con los mismos bienes que en Argentina, muchas cosas cambiaron. En la condición de empresario que iniciaba un negocio no contaba con mucho tiempo para dedicarle a Gisela y a su mismo hijo. Las comidas que eran habituales en su condición de ejecutivo, habían desaparecido. La familia de Gisela y sus amistades le hacían mucha falta, más aún por el poco tiempo que disponía Raymundo. En Buenos Aires ella iba con frecuencia a presenciar campeonatos de polo, ambiente al pertenecía porque eran la pasión de su familia. Sus hermanos, primos y padre eran jugadores. Ese ambiente de polo en Buenos Aires era algo muy social y de elite. Muchas veces había sido fotografiada para aparecer en las revistas de polo, para las páginas sociales. En Chile el polo se juega mucho menos que en Argentina. Además, Raymundo nunca practicó ese deporte, por lo que para ella era casi imposible entrar a ese ambiente, el que desde ya era mucho más reducido que el de Buenos Aires. Así, hubo mucho problema de convivencia diaria, y el sexo también se hizo problemático. Raymundo comenzó a pensar que al matrimonio posiblemente no le quedaba mucho tiempo. Ya había asumido que iba a tener una vida sentimental desordenada y tormentosa. Se había casado enamorado de Gisela según él. Sin embargo con el tiempo se dio cuenta de más que enamoramiento había habido una gran calentura, apoyado por el hecho de que ella era una excelente esposa como acompañante a los eventos sociales. Cuando llevaban un año en Chile y tres años de casados, se empezó a hablar de divorcio. Ocurría también que los negocios que emprendió Raymundo no andaban del todo bien. Las ventas no eran las que se esperaban. El sabía que más temprano que tarde iba a tener que reducir sus gastos. Y reducir gastos con Gisela no era algo fácil de hacer, y desde ya era complicado decírselo. Pensó también que si se separaban, su hijo Rodrigo no iba a perder mucho, dado la neutral relación que tenía con Gisela, a quien siempre le había dicho “tía Gisela”. Todo ello llevó a él a concluir que era conveniente que separaran, cosa que finalmente acordaron. Dado que no había hijos comunes, no fue necesario que Raymundo acordara una pensión mensual o algún dinero para Gisela. Por lo demás los negocios de la familia de ella se habían recuperado por lo que ella necesitaría el apoyo económico de él. Lo que buscaba Gisela era volver a Buenos Aires y reintegrarse a su mundo social. Aunque estaría con la etiqueta de “separada”, dado la gran cantidad de gente que conocía, su reinserción le sería fácil. Además por su físico, los admiradores nunca le iban a faltar. Antes de que Gisela se fuera, había que dejar resuelto unos cuantos trámites administrativos. Desde ya ella le devolvería las tarjetas de crédito a Raymundo. Un detalle era el transporte escolar de Rodrigo. Dado que él había vivido la mayor parte de su vida en Buenos Aires, y que aún era niño, su padre había decidido que no debía irse solo al colegio. A veces el mismo lo iba a dejar al colegio en las mañanas, pero no siempre podía dado su horario irregular. Otras veces lo iba a dejar Gisela, pero a ella no le agradaba levantarse temprano. Finalmente optaron por contratar un servicio transporte escolar. Quien hizo el trato directamente fue Gisela. De esto hacía apenas una semana, por lo que Raymundo no conocían a quienes transportaban a su hijo. Gisela: Con respecto al transporte escolar de Rodrigo hay que pagarlo el primero de cada mes. Ya le adelanté dos meses a la dueña del minibús. Raymundo: Ok. Además es necesario que yo conozca a esa señora, ya que es quien transporta a mi hijo. Gisela: Claro que sí. Antes de que me vaya debo presentártela. Raymundo: ¿Cuál es su nombre? Gisela (tratando de recordar): ¡Ay! no lo recuerdo. Ya me voy a acordar. Raymundo: Bueno, me imagino que tienes anotado el teléfono y el nombre. Gisela (pensando en voz alta): ¿Cómo es que se llama esa “grandota”? Raymundo (asombrado): ¿Grandota? ¿Cómo tú o más alta? Gisela: Noooo. Yo soy alta. Ella es más baja que yo. Es corpulenta, a eso me refiero con lo de grandota. Raymundo: Ah. Gorda. Gisela: No, yo diría más bien maciza. Ya me acordé de su nombre. Es Ivania. Su apellido es croata de esos que terminan en “ich”. 3 RAYMUNDO CONOCE A IVANIA Dos días después, Raymundo se quedó en el departamento hasta las 11 de la mañana, antes de irse al trabajo. Tenía que hacer un informe para el banco y optó por hacerlo en su casa, para luego enviarlo por correo electrónico. Aún faltaban 3 días para que se fuera Gisela a Buenos Aires Salió en su auto y pasó a la estación de servicio a echar gasolina. En un momento vio un minibús amarillo estacionado y una mujer revisando el aire de los neumáticos. De inmediato supuso que podría ser Ivania, a quien Gisela había llamado la “grandota”. Era invierno y el día antes había llovido. La mujer vestía un impermeable sencillo de color beige, jeans y botas sin mucho tacón. Su pelo era rubio no muy claro, algo ondulado y le llegaba a los hombros. Se notaba que era corpulenta, tal cual la había descrito Gisela. Raymundo tuvo la curiosidad por saber si era ella y se acercó a saludarla. Cuando llegó ella a acababa de ponerle aire a un neumático y se había incorporado. Raymundo: Hola, disculpa. La mujer la miró y dijo “hola” con una expresión de cordialidad. Raymundo: ¿Por casualidad eres Ivania? Soy… Ella (interrumpiendo): Si, y tú eres el papá de Rodrigo, si no me equivoco. Raymundo (asombrado): Claro que si. Veo que ya me habías visto. Ivania: Claro, un par de veces tú ibas saliendo cuando yo pasé a buscar a Rodrigo y él dijo “ese es mi papá”. Raymundo: Es excelente que nos hayamos encontrado. Ivania: Por supuesto que sí. Para mi es necesario conocer a los padres de los niños que transporto. Si no me equivoco tu nombre es Raymundo…. Raymundo: Si, ese es mi nombre. Mucho gusto. Ivania: Pues mucho gusto. Raymundo pudo ir completando la descripción física de ella, la que estaba haciendo en su mente. Su nariz era recta y pronunciada, su cara de forma algo triangular y sus labios ni gruesos ni delgados. Su tez era de tono bronceado con algunos pequeños lunares. Debajo del impermeable había un suéter de cachemira celeste de cuello subido. Parecía llevar un poco de maquillaje alrededor de sus ojos, los que eran de color pardo. Se veía mucho más natural y sencilla que su sofisticada esposa argentina. Era algo más baja que él, siendo alta para ser mujer. Calculó que ella tenía una edad parecida a la de él. Raymundo: Ivania, voy aprovechar de contarte algo. Ivania (mirando con interés): Si, claro, dime. Raymundo: Mi esposa y yo nos vamos a divorciar muy pronto. Te lo digo porque en lo sucesivo vas a tratar directamente conmigo. No sé si sabes que ella no es la madre de Rodrigo, quien es hijo biológico mío. Ivania: Si, me había contado que se conocieron en Buenos Aires y Rodrigo ya existía al momento de conocerse. Raymundo: Así es. Ivania: Bien, el tema personal no es asunto mío, pero quisiera conversar contigo varios temas prácticos, y pedirte que nuevamente firmemos el contrato, ya que Gisela no va a estar y ella lo firmó. Raymundo: Me parece muy bien. ¿Podrías la próxima semana ir un día en la tarde a mi casa a conversar y ver esos temas? Ivania: Con gusto. Anota desde ya mi celular, y si puedes dame el tuyo. Raymundo: OK. Gisela se fue de acuerdo a lo planeado. El día de su partida se despidió de Raymundo en la mañana. Ninguno de los dos quiso despedidas muy emotivas y prefirieron que se fuera al aeropuerto en un taxi. Así, cuando volviera Raymundo ella no estaría. A los dos días cuando Raymundo llegó a su departamento como a las 6 de la tarde, encontró como era habitual a su hijo Rodrigo. Rodrigo: Papá, la Ivania me preguntó si puede venir mañana a conversar contigo. Raymundo: ¿La Ivania? ¿Te refieres a la señora del transporte? ¿Le dices Ivania no más? ¿Nada de señora o tía? Rodrigo: No, todos le dicen Ivania. A ella le gusta que le digan así. Raymundo tomó su celular, llamó a Ivania y acordaron juntarse el día siguiente a las 7 de la tarde. Ivania llegó puntual. Se sirvieron un café y unas galletas e iniciaron la reunión. Ella explicó una serie de requisitos legales que rigen en Chile para el transporte escolar, como se manejaban algunas situaciones de emergencia, y luego firmaron contratos. El notó el dominio y conocimiento acabado que tenía Ivania de su actividad. Ella también contó que se había iniciado en el negocio hacía 5 años cuando le tocaba ir a dejar a sus niños al colegio. En ese momento no estaba trabajando. Dado que notó que le gustaba y tenía tiempo, empezó a estudiar la idea. La conversó con papás y mamás de compañeros de sus hijos quienes le dijeron que gustosos la contratarían a ella para el traslado de sus hijos. Fue así como compró el primer minibús. Con el tiempo se fue asociando con una hermana y una prima y a la fecha tenía su pequeña empresa de transporte escolar con 4 minibuses y habían contratado a un chofer y dos auxiliares que las acompañaban en los viajes de niños de menor edad. Raymundo: Es interesante lo que me cuentas. ¿Y te va bien? Ivania: No es un negocio para hacerse millonario, pero nos va aceptablemente bien. Además me gusta mucho. Me gusta manejar, me gusta la mecánica y me gustan los niños. Raymundo: Son pocas las mujeres a las que les gusta la mecánica. Ivania: Así es, yo hago de todo, hasta cambiar ruedas, que son bastante pesadas. Raymundo: Y tu esposo, ¿participa en tu negocio? Ivania: Estoy separada, y mira la coincidencia, mi ex esposo es argentino. Raymundo: Jajajjaa, Perdona, pero no deja de darme risa esto. Ivania (sonríe): Bueno, es mejor tomar algunas cosas para la broma y no hacerlas una tragedia. Raymundo: Y entre las entradas a los colegios y las salidas, ¿te queda tiempo para otras cosas? Ivania: A veces. Hacer una recogida de niños y llevarlos a su casa o lo contario, es un proceso largo, que me toma por lo menos dos horas. Después de eso, siempre hay detalles que ver, como hablar con algún apoderado, hacerle mantención a los vehículos, ordenar las platas, etc. Cuando puedo voy al gimnasio porque me gusta, y tengo un par de máquinas en mi casa para hacer ejercicios. 4 IVANIA Y RAYMUNDO SALEN UN VIERNES EN LA TARDE Con el tiempo Raymundo e Ivania comenzaron a hacerse cada vez más amigos. Un día viernes Ivania tenía que recoger un paquete que se le había enviado desde el extranjero. Le pidió a él que la acompañara al centro en el auto de él, ya que era muy incómodo salir en un minibús. Fue un día en el que ella tenía la tarde libre, por suspensión de actividades en el colegio. Pese a que aún hacía frío, el día estaba bonito. Llegaron al centro poco después de las 4 y media. Ivania tenía que reunirse a las 5 con la persona que le tenía que entregar el paquete. Por ello, después de realizado el trámite de Ivania, decidieron caminar un rato por un paseo peatonal del centro de Santiago, conocido como el “paseo Bulnes”. Ivania le sonrío a Raymundo y le extendió el brazo para tomarlo por la cintura, como indicándole que el la abrazara por los hombros. Raymundo lo hizo y caminaron los dos abrazados. El sintió con su cuerpo la gran anatomía de ella, la que había percibido más de una vez visualmente. La impresión que tuvo en ese momento es que era grande y fuerte, cosa que se lo dijo a ella. Ivania: Sonriendo, pues así soy, grande y fuerte. Hice culturismo hace años. Raymundo: ¿fisicoculturismo? Ivania: Si, y luego lo dejé porque me casé y quise tener hijos Raymundo: Ahora entiendo tu contextura. ¿Sabes? Una vez Gisela se refirió a ti como la “grandota”. Ivania: Jajajaja. ¿Y por qué? ¿Me encontraba antipática? Raymundo. No, lo que pasa es que en un momento no se acordaba de tu nombre y dijo algo así como “no me acuerdo el nombre de esa grandota”. Ivania: jajajajjaa. ¡Qué gracioso! Raymundo (apretándola con fuerza): Sin duda sigues haciendo ejercicios porque te siento muy fuerte. ¿Cuánto mides y pesas? Ivania: 1,73 y 85 kilos. ¿Y tú? Raymundo: 1,78, y peso menos que tú. Ivania entonces mira a Raymundo de frente luego se da vuelta y apoya el lado izquierdo de su cabeza en la cara de él. El sintió la delicia del pelo de ella en su cachete. La tomó por el lado izquierdo de la cabeza con su mano y la empezó a acariciar. Ivania dio vuelta un poco su cara y besó a Raymundo en sus labios. El la correspondió dándole otro beso en los labios de ella. Siguieron caminando abrazados y dándose besos rápidos en los labios. Ivania: Tenía deseos de hacer esto. Raymundo: ¡Qué honor! O sea que te gusto. Ivania: Claro. ¿Y yo a ti? Raymundo: ¡Por supuesto! En un momento tuvieron que cruzar una calle en la que no había semáforo. Para evitar la incomodidad de atravesar la calle abrazados, dejó de abrazar a Ivania y la tomó de la mano. A pesar de que él ya había visto las manos de ella, y que ya había notado que eran grandes, al tomarlas las sintió aún más fuertes y de mayor tamaño. Raymundo: Son grandes tus manos por lo que veo. Ivania: Claro que si. Soy de manos grandes. Es lógico, ya que con el ejercicio también se fortalecen. Raymundo: ¿Tendrás más fuerza que yo? Ivania (le da un beso en los labios y sonríe): ¿Es un desafío? Si lo deseas podemos hacer vencidas. Raymundo: Es curiosidad. Y encuentro muy excitante la incertidumbre de no saber si me ganarás. Dieron las 5 y se dirigieron a un edificio donde Ivania tenía que hacer su trámite. Tomaron el ascensor, llegaron al piso 7 e Ivania recibió lo que se le había enviado. Llegaron al ascensor para tomarlo de vuelta. Al costado había una ventana que daba al poniente. Los dos pudieron ver unas nubes que estaban rojizas por que se acercaba la puesta de sol. Debajo de las nubes se veía el cielo, de los colores azules, rojizos y amarillos, propios de la caída del día. Ivania: ¡Que linda escena! Raymundo. Si. Muy lindo, quedémonos un rato mirando. Ivania asintió. No había más personas en el piso. Luego abrazó a Raymundo y lo rodeó por la cintura con fuerza con las dos manos. Le hizo sentir su pelo en su cara luego lo miró y se besaron apasionadamente. Lo hicieron varias veces en forma larga. Sus lenguas jugueteaban. Ambos se excitaron. Raymundo: No sé si tienes algo que hacer, pero ahora podríamos irnos a mi departamento. Mi hijo Rodrigo ya está con su mamá y lo recogeré el domingo de vuelta. Ivania (sonriendo) Me gustaría ir, pero tenemos que ser muy discretos. Nada malo hay que en que nos conozcamos bien, pero por mi trabajo debo cuidar mucho la imagen. Raymundo: Bueno, todo es discreto. Como te digo no va a estar Rodrigo. En el edificio hay solo 4 departamentos, no hay más niños y por lo tanto nadie del colegio de Rodrigo. ¿Cerca de donde vivo viven más niños de los que pasas buscar? Ivania (pensando unos momentos antes de contestar): En realidad no, el que está más cerca está a 7 cuadras. Bien, vamos a tu departamento. Llegaron al departamento de Raymundo. Ambos se sacaron un poco la ropa. Se volvieron a besar apasionadamente. El empezó a manosear senos y traseros de Ivania. Ella no opuso resistencia. Ivania: Creo que te atraigo, ¿no es así? Raymundo: ¿Es que tienes alguna duda? Ivania: Te propongo una cosa… Raymundo: ¿qué? Ivania: Hagamos vencidas. Si me ganas seré tuya para lo que desees. Raymundo: ¿Y si tú ganas? Ivania: Yo decidiré. Fueron a la mesa del comedor y se sentaron frente a frente. Él ya había tocado los hombros y brazos de ella, de modo que sabía que se le venía una contienda difícil. Y más que una contienda difícil se acercaba una muy probable derrota. Ivania estaba con un suéter en V y una blusa debajo, de modo que se le veía algo de escote con parte de sus senos. Cuando se sacaron la ropa más gruesa ella aprovechó de soltar los primeros botones. Siendo los dos diestros, optaron por hacer las vencidas con la mano derecha. Se pusieron frente a frente y se tomaron de las manos. Se miran como para dar la señal de la partida. En ese momento Raymundo extiende su brazo izquierdo por encima de las manos derechas tomadas de los dos, e introduce su mano izquierda dentro del escote de Ivania. Fue suficiente para que ella se distrajera mirando la mano de Raymundo. Él, aprovechando la distracción de ella, hace fuerza con su brazo derecho y dobla el de Ivania, sin que ella alcanzara a reaccionar. Raymundo: ¡Gané! Ivania: jajajajaa. ¡Eres un tramposo! Raymundo: jajajaj Bueno, gané. Ivania: MMM. No todavía. Vamos a la revancha con el brazo izquierdo. Creo que es justo. Raymundo (dándose cuenta que no tenía alternativa): Está bien. Se volvieron a poner de frente, ahora tomados con las manos izquierdas. Ivania sonría mirando a Raymundo, como diciendo “ahora no me pillas desprevenida”. Comenzaron a hacer fuerza. Ahora Ivania empezó a jugar con las vencidas. Pareció que rápidamente tomó el control de la contienda. Permitía que Raymundo avanzara en su objetivo y luego hacía fuerza para volver a la posición inicial. Luego avanzaba ella un poco y dejaba que Raymundo hiciera que volvieran a tener los ante brazos en posición vertical. Finalmente hizo un gesto mordiendo su labio inferior e hizo fuerza haciendo que Raymundo cediera en forma inapelable. Ivania había ganado. Raymundo: Estamos empatados. Ivania: Jajajajjaa. ¡Qué fresco! Raymundo: Pero si cada uno ganó con un brazo. Ivania: Muy bien, entonces vamos a desempatar haciendo vencidas con la mano derecha nuevamente. Raymundo: OK. Acto seguido, Ivania se sacó el suéter y la blusa, luego los jeans, y quedo vistiendo solo la ropa interior. Le dijo a él que se sacara la ropa y quedara vestido en ropa interior. Raymundo hizo tal. Pudo ver entonces el inmenso cuerpo de ella. Hombros anchos y fuertes, algunos nudos en el estómago y piernas gruesas y musculosas fueron los detalles que percibió en ese momento. Ivania: Bueno, terminemos esto rápido, ya que tengo que decirte que voy a hacer contigo. Se pusieron en posición, comenzaron a forcejear, e Ivania liquidó rápidamente el duelo haciendo que Raymundo tocara la mesa con su mano, contra su voluntad y sin apelación posible Raymundo: Uff, bueno, no hay discusión. Ahora tú decides. Ivania: ¿Dónde está tu dormitorio? Raymundo: Es la puerta que está terminando el pasillo. Ivania: ¿Puedo ir a verlo? Raymundo: ¡Desde luego! Ivania: Quédate acá. Ya vengo. Ella fue a “reconocer el terreno”, como para planear que haría. Volvió al par de minutos. Se acercó a Raymundo y lo comenzó a besar apasionadamente. Mientras lo hacía se quitó el sostén. Se agachó un poco, puso una mano detrás de la pierna de él, con la otra mano lo tomó de un brazo y lo cargó sobre uno de sus hombros. Raymundo se dejó cargar dócilmente y fue llevado al dormitorio en esa posición. Llegaron al dormitorio e Ivania lo puso en el suelo quedando él de pié. Lo volvió a besar. Sintió la erección de Raymundo y con su mano cogió su miembro haciendo que se bajara a los calzoncillos. Raymundo estaba duro como un resorte. Luego lo tomó de los hombros y lo empujó con firmeza sobre la cama, donde él quedó de espaldas. Ivania se sacó el calzón y quedó totalmente desnuda. En esa posición se subió al cuerpo de Raymundo introdujo el pene de él en su vagina y comenzó el movimiento. Vinieron gritos y gemidos de los dos, y finalmente ambos quedaron sobre la cama de espalda, abrazados tiernamente Raymundo: Me encantó. Eres fantástica Ivania (sonriendo): Me alegro que lo hayas disfrutado porque yo también. Raymundo: ¿Puedes quedarte a dormir conmigo? Ivania: Me encantaría, pero hoy están mis hijos en la casa. Son grandes, pero nunca se ha dado que su mamá duerma fuera. Raymundo: Entiendo. Ivania: Pero si quieres nos seguimos viendo el fin de semana. Raymundo: me parece muy bien. ¿Qué edades tienen? Ivania: 18 los dos. Son mellizos hombre y mujer. Han crecido viviendo conmigo, ya llevo 10 años de separada. Se volvieron a besar. Ivania: ¿Sabes? Quise mostrarte mi fuerza antes de hacer el amor. Raymundo (algo asombrado): ¿Por qué? ¿Para seducirme? Ivania: No exactamente. Raymundo: ¿Entonces? Ivania: Digamos que mi musculatura y fuerza no es algo muy típico o común. Una vez me ocurrió, con un posible novio que tuve, que mi musculatura no le gustó y prácticamente salió huyendo. Entonces preferí que supieras como era antes de conocerme íntimamente. Raymundo: Pues como verás a mí no me ocurrió lo mismo Ivania: Ya me di cuenta, lo que me alegra mucho. Pasó el tiempo e Ivania y Raymundo se siguieron viendo, saliendo juntos y buscando espacios privados para sus relaciones íntimas. En un momento decidieron que Rodrigo cambiara de transporte escolar, ya que había causado algunos problemas la relación de la dueña del minibús con el papá de uno de los niños trasladados. Cuando iban a los malls a comprar o a hacer alguna otra cosa escogía lugares alejados del barrio alto, donde vivían y quedaba el colegio de Rodrigo. Lo mismo hacían cuando iban a restaurantes. 5 UN RATERO EN EL MALL Una tarde, cuando el tiempo ya estaba más cálido iban llegando a un centro comercial. Estacionaron a unos doscientos metros de la entrada. Raymundo llevaba tomada de la mano a Ivania. A unos 20 metros delante de ellos iban dos mujeres. En el sentido contrario venía un joven el que se veía alto y atlético. Cuando el joven pasa por el costado de las dos mujeres extiende su mano y le arrebata a una de ellas los lentes de sol que llevaba puestos. Las dos mujeres se dan vuelta y el joven les dice algo como “quédense quietas” y sigue caminando con las gafas. Raymundo: ¿te fijaste en eso? Ivania (en un tono firme): No hagas ni digas nada. Raymundo (sin tener claro por qué ella dijo eso): Ok Ivania llevaba puestos lentes de sol de valor, probablemente similares a los que el joven delincuente le había quitado a la mujer hacía unos momentos. El venía caminando en sentido contrario, y cuando se fueran a cruzar el pasaría a unos dos metros de Raymundo e Ivania . Sin embargo, al aproximarse, el joven desvió algo su camino como para estar más cerca de Ivania cuando se cruzaran. Esto la alertó. Al momento de pasar cerca de Ivania el delincuente extiende su brazo derecho, sin duda para quitarle los lentes a Ivania. No obstante, ella fue más rápida y toma el antebrazo del malhechor, y con su otra mano le presiona el brazo. Le hace una llave, y con los pies una zancadilla con lo que el delincuente cae y se pega contra el cemento. En el suelo Ivania lo inmoviliza. El joven se quejaba de dolor. Su nariz sangraba y estaba posiblemente rota con un fuerte golpe que se dio en el suelo. Cuando trataba de zafarse, Ivania aumentaba la presión con lo que él sentía aún más dolor, por lo que finalmente decidió no oponer resistencia. Ivania (dirigiéndose a Raymundo): Sácame los lentes y quítale al hijo de puta los lentes de la otra mujer. No es necesario que hagas algo, lo tengo controlado. Raymundo: Bien, pero ¿qué vamos a hacer ahora? Ivania (en tono de enojada): Creo que lo voy a dejar ir, pero primero le voy a quebrar unos cuantos huesos. El delincuente gritó “¡no, por favor! Prometo nunca más hacerlo”. Sin duda se había dado cuenta que Ivania perfectamente era capaz de hacer eso. Raymundo hizo lo que Ivania le pidió. Ya había pasado un minuto, tiempo suficiente para que llegaran más personas. Entre ellos llegaron varios hombres que finalmente lo mantuvieron inmovilizado. Raymundo pensó en ese momento que el delincuente estaba siendo controlado por 3 hombres, cosa que unos momentos antes había hecho Ivania por si sola La mujer a la que el joven le había quitado las gafas miraba a la distancia. Raymundo se dirigió a ella y le dijo “estos lentes son suyos”. Ella respondió “muchas gracias, estoy muy impresionada por lo que acabo de ver”. Ivania esbozó una sonrisa. Finalmente llegó la policía y el delincuente fue apresado. Raymundo e Ivania había llegado en metro al centro comercial. Dado lo ocurrido, dieron una vuelta y prefirieron volver a casa. Recién en el viaje empezaron a comentar lo sucedido. A pesar de que Ivania había contado que sabía artes marciales, Raymundo nunca habría esperado verla en acción. Raymundo: Realmente estoy muy impresionado. …tan impresionado como la mujer a la que le recuperaste los lentes. Ivania: Pensaba dejar que se fuera sin intervenir. Creo que no vale la pena arriesgarse por un par de lentes de otra persona. No se sabe si el tipo podía andar armado. Raymundo: de acuerdo. Ivania: Actué solo cuando el tipo tuvo la ocurrencia de hacer lo mismo conmigo. Cuando vi que se acercaba la mano de él, simplemente reaccioné. Raymundo: Además de todo lo que me gustas, eres un buen guardaespaldas jejejee Ivania: jajajaa Raymundo: Me imagino que no le ibas a quebrar los huesos como dijiste. Ivania: le habría quebrado un dedo para que se arrancara asustado. De hecho, cuando lo tenía inmovilizado en el suelo ya estaba bastante asustado. En ese momento llegaron las otras personas, así que no fue necesario. Pero realmente el tipo se salvó de una mayor paliza. Raymundo: Ya veo. Espero que a mí nunca me trates así. Ivania: Jajajaja. A ti te quiero de tratar de otra manera bebe. Con la pelea me dieron ganas de hacer el amor. Raymundo: Muy bien. Algo más bueno de la pelea. Ivania: Vamos luego, antes de que te lo mame acá mismo. Mis hijos van a pasar el fin de semana con su padre así que vamos a mi casa. 6 EPILOGO Fueron a la casa de Ivania y le dio a Raymundo la mamada de su vida, según sus mismas palabras. Siguieron juntos y en el futuro compartían dificultades, pero eso ya es otra historia.